De la madera al carbono

http://www.scoutingspain.com/ por Honorino Zamora   //   Publicado el 14 febrero 2013   //   BlogSin categoría

Cuando se habla de fútbol, parece obligatorio mencionar equipos, selecciones, jugadores, resultados o campeonatos, pero para que este magnífico deporte se desarrolle hay que tener en cuenta otros muchos factores, como unas reglas, unos jueces e incluso unos equipamientos.

Aquí es donde quería llegar. Hoy me he propuesto presentaros dos historias separadas en el tiempo que marcan la evolución histórica que ha sufrido una parte del equipamiento de los jugadores y que, por estar escondida y no poder lucirse, quizás las marcas no se hayan interesado en ellas comercialmente hablando, al menos no tanto como ocurre con las camisetas o las botas donde la evolución es tan notable en colorido, tejidos, absorbencia o peso de la prenda.

Me estoy refiriendo a las espinilleras, sin las cuales estoy seguro de que ni Messi ni Ronaldo  podrían jugar tantos partidos consecutivos. Me las puedo imaginar justo al acabar el partido como piezas de tanque ametrallado por el fuego enemigo dejando surcos de los defensas que necesitan pararlos “como sea”.

Pero, ¿cómo nacieron las espinilleras en el fútbol?. La respuesta la encontramos sorprendentemente de manera temprana en la Inglaterra victoriana, donde, como inventores de este deporte, pronto se dieron cuenta que la violencia y la entrega con que se jugaba en aquellos días destrozaba las tibias de muchos jugadores cada partido.

La invención de esta increíble pieza de defensa personal de los futbolistas se le atribuye a un jugador internacional inglés nacido en Nottingham llamado Samuel Widdowson, que además de un gran delantero centro y un líder en el ataque, era un deportista polifacético, sobresaliente en atletismo, donde destacaba como velocista y corredor de vallas, además de ser también un buen jugador de cricket en el Notts County. En su carrera como jugador, llegó a debutar con la selección inglesa contra Escocia en Glasgow en la victoria por 4-5 de los pross el 18 de Marzo de 1880.

“Sam” Widdowson fue alumno del Hucknall Torkard School y del People’s College en Nottingham, y al acabar sus estudios fichó por su club natal, el Forest Football, en 1866. Vendedor de cordones de zapato de profesión, se le considera como el inventor de la espinillera, cuando un día adaptó unas protecciones de cricket, hechas de almohadilla, y las ató con una correa por fuera de sus medias. Al principio fue una idea que muchos consideraron ridícula, pero pronto se popularizó entre los jugadores de la época. Una vez perfeccionado aquel rudimentario invento llegó a recibir una patente por ello en 1874.

Continuó su carrera como árbitro, y fue curiosamente el juez del primer partido en el cual se usaron redes en las porterías, otro gran avance de este deporte. Acabo sus días como presidente del club de sus amores, el Nottingham Forest, desde 1879 a 1884, por lo que podemos decir que conoció todas las facetas de este deporte.

Actualmente, y ya en nuestros días, las espinilleras están recogidas en las leyes del juego y han sufrido una enorme evolución, lo que nos lleva a nuestro segundo protagonista.

Dando un abismal salto en el tiempo, cambiamos el Nottingham de la era victoriana por As Pontes, un pequeño pueblo gallego de no más de 10.000 habitantes, que destaca por tener la mayor central térmica de toda España, para encontrarnos con Simón Cabarcos, el portero del equipo local, el As Pontes.

Quizás la fama de Simón no haya salido de su provincia, ya que solo ha defendido bajo palos equipos como el Narón, el Bergantiños o el propio As Pontes, pero hemos llegado hasta él debido a su invento.

Según dicen los que le conocen, Simón siempre fue un chaval muy majo, agradable en el trato, sencillo, sin una mala palabra, con su carrera terminada, y por tanto, con una vida más allá del fútbol. Así empezó a desarrollar su talento como emprendedor. No lo digo yo, sino que lo dicen profesionales de este deporte en la actualidad: unas de las mejores espinilleras que se fabrican en este país, son obra de la empresa montada por Simón. A día de hoy, son numerosos los jugadores del fútbol profesional que las utilizan.

El proyecto comienza porque Simón era socio de una empresa en la que el material con el que se trabajaba era la fibra de carbono, y después de muchas pruebas de fabricación con modelos de espinilleras para él mismo, consiguió hacer un modelo universal recortable, que se puede personalizar a la tibia de cada jugador. A partir de ahí,  creó su propia firma, Blindaxe.com, con la que trató de fabricar espinilleras de fibra de carbono para todos los interesados en este tipo de protecciones deportivas. La ubicación de la empresa está en As Pontes, y tiene un taller propio en el que fabricar las unidades y maquinaria para personalizarlas con pegatinas, vinilos, etc.

Fue como una bola de nieve, explica el jugador: “Álex López me pidió que le hiciera unas, se las llevó al Celta y de allí me llegaron nuevos pedidos. Posteriormente, Hugo Mallo se las llevó a la selección Sub-21 y creció la demanda. Cada internacional se fue a su club y llegaron pedidos de toda España. Ahora llevan mis espinilleras muchos jugadores conocidos”.

Con las espinilleras de carbono se consigue una protección extraordinaria,  tanto de la tibia como del peroné del jugador, reduciendo de forma significativa las lesiones. Asimismo, su ligereza les confiere una gran comodidad,  al no tener realmente sensación de portarlas. Otra virtud a destacar es su gran durabilidad y facilidad de limpieza.

La cara interior de la espinillera es personalizable a nivel de color, ya que cuentan con una amplia gama cromática. El material que aísla la cara interior es espuma de polietileno expandido, con su estructura microcelular y está diseñada para absorber los golpes y sacudidas. Las ventajas del foam son de protección no abrasiva ni corrosiva, así como ligero, flexible y limpio, sin polvo ni filamentos y resistente a la humedad.

Se trata de un material utilizado en aeronáutica y aplicaciones muy específicas, dado su elevado coste de producción. Se recurre a él en casos donde se requieren unas altas prestaciones que pocos materiales son capaces de proporcionar. Entre las propiedades de este material se encuentran: un peso reducido, una elevada resistencia mecánica con un módulo de elasticidad elevado, una resistencia de casi 3 veces superior a la del acero, una densidad 4,5 veces menor, resistencia a la corrosión, elevadas propiedades ignífugas, gran capacidad de aislamiento térmico, no perder la forma ante variaciones de temperatura y una gran elasticidad. Estas propiedades repercuten, por un lado, en la seguridad, ya que la fibra de carbono absorbe mejor los impactos que el acero, y por otro lado en el peso, ya que su baja densidad le confiere una gran ligereza.

Simón presume de tener entre sus clientes a jugadores conocidos como Oriol Romeu del Chelsea, Álvaro Vázquez del Getafe, Rodrigo del Benfica, Tello del Barcelona o Griezmann de la Real, además de muchos otros de Primera División y otras categorías. Todo esos jugadores han solicitado modelos personalizados con sus pegatinas y vinilos.

Para finalizar me gustaría contaros una bonita historia relacionada con las espinilleras. Comienza cuando Luka Modric, futbolista croata del Real Madrid, de pequeño, se vio afectado de lleno por la guerra de los Balcanes. Tanto que tuvo que huir con su madre a Zadar. Dicen que Luka rompió allí más ventanas con su balón que las bombas con sus ondas… Eso sí, lo hizo en calidad de niño pobre, muy pobre. De hecho, empezó a despuntar portando unas rudimentarias espinilleras de madera (no tenía dinero para más), las que le hizo el jefe de la cantera del equipo local, Tomislav Basic.

Quizás el dinero le haya dado para mejorar su equipación pero seguro que se acordará de las primeras que tuvo, y ¿por qué no?, quizás Sam Widdowson allá donde esté, se habrá reconocido en aquel utillero croata…