La semana pasada mis amigos de la revista Proyecto Panenka tuvieron una idea brillante. 
Crearon en internet la etiqueta #botasPanenka con la que preguntaban a la gente por el recuerdo de sus primeras botas de fútbol. Y me dio por pensar en mis primeras zapatillas de fútbol sala.

Recuerdo que entré en los juveniles de Vijusa Valencia con unas Reebok de correr. Os prometo que es verdad. Yo ni siquiera sabía que existían zapatillas de fútbol sala. Todo el mundo me miró como a un bicho raro.

Poco después me compré mis primeras  zapatillas. ¡Unas Yate blancas! Después vinieron las Yumas, las Múnich, las Joma y finalmente, desde hace más de diez años, las Adidas.
 Casi siempre blancas, como aquellas primeras Yate.

Ayer me volví a sentir un poco bicho raro. 
Jugamos en Arganda el homenaje a Luis Amado. Ganamos, aunque ayer sí, el resultado era lo de menos.

Una nueva moda ha llegado al fútbol sala. La nueva era de las espinilleras Blindaxe.
 ¡Qué lejos queda ya la imagen del jugador de fútbol sala con calcetines!

Mientras nos cambiábamos empezaron a aparecer los últimos modelos.
 Colores, fotografías, números, banderas… ¡todo tiene cabida!
   He de reconocer que los diseños son increíbles y su ligereza y dureza espectaculares.

Cuando saqué mis viejas espinilleras del zapatillero las miré con nostalgia.
 Llevamos tantos años juntos que no puedo dejarlas por otras. 
¡No me lo perdonaría!

Ya no sé si es por comodidad, cariño o superstición, pero hemos vivido los buenos y malos momentos juntos y juntos vamos a acabar.